La locura por los litigios judiciales se convierte en una plaga cómica cuando un joven intenta rehabilitar a su padre, un juez obsesivo que encuentra placer en condenar a sus semejantes. Mediante un juicio doméstico a un perro, el autor expone con brillantez la manipulación del sistema legal y la agresividad de las masas que actúan por puro instinto punitivo.