Me enviaron desde Colombia unos relatos que me han sorprendido, tanto por sus contenidos profundos, como por el estilo vigoroso, sin la ornamentación barroca o egregia a la que estamos acostumbrados en Latinoamérica.
A primera vista, quizá, la narración o las narraciones producen en el lector un pequeño reparo por no dar descanso o respiro, pero lo curioso es que no causa cansancio, al no dar tregua.
El imaginario no puede prescindir de la memoria histórica. El autor se esfuerza en hallar tratados o manuscritos antiguos para encontrar apoyo en el desarrollo de sus temas, a partir de afirmaciones y negaciones, que conducen a la suspensión del juicio. Son contradicciones que en todo caso cautivan al lector. Lo antiguo lo convierte en nuevo.
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- Contenido
- Prólogo
- Candelario Obeso o de las ironías de la vida
- Ciencia en Cartagena
- Bartolomé de las Casas y nosotros
- ¿Reír o llorar?
- La redención de Vargas Vila
- Un manuscrito en Mompox
- La mamá para la que no ha sido maltratada
- ¿Cómo formar una biblioteca?
- No se cogen truchas, à bragas enjutas
- ¿Por qué no vivir en Bogotá?
- La muerte de un dios
- Ollantay: ahí donde estáis quedaos
- ¿Qué tienen los políticos en la cabeza? Una respuesta científica
- El loco de Milán y el verdadero motivo de la conversión de San Agustín
- Un probable casado en las sabanas de Sucre
- El cinismo y la costa
- Héctor Abad Gómez y Jorge Manrique
- En defensa de Epicuro
- Juan Luis Vives y la cerveza
- Independencia y Dios
- El intérprete: Jorge de Montemayor y mi vocación mariana
- Sobre el desprecio del mundo
- Sobre el Cuzary y San Luis de Sincé
- Eón de la estrella y su secta
- Las tribus perdidas de Israel en el Nuevo Reino de Granada
- Elegía inconclusa del destierro
- Apéndice probable