El sentimiento de finitud y la sed de trascendencia se enfrentan en este ensayo apasionado que es el testamento espiritual de una época. El autor defiende la "fe del carbonero" y la lucha agónica contra la muerte como la única forma auténtica de vivir en un mundo dominado por la razón fría. Es un diálogo interno que se proyecta al universo, buscando un Dios que dé sentido al sufrimiento y a la esperanza del hombre de carne y hueso. Una obra cumbre del pensamiento existencial que sigue conmoviendo por su sinceridad y su fuerza vital.