La picardía y el ingenio popular estallan en estos cuadros teatrales que retratan con humor los vicios y las virtudes de la gente común. El autor se aleja de los grandes palacios para dar voz a criados, buscavidas y maridos burlados en situaciones de una comicidad irresistible. Cada entremés es una cápsula de vida concentrada que utiliza la risa como un espejo para denunciar las pequeñas corrupciones de la sociedad. Es el Cervantes más juguetón y observador, capaz de encontrar la magia literaria en la simpleza de una plaza pública.