Tuve la fortuna de sentarme a escuchar a una mujer que, por motivos de privacidad, llamaré Lola. Su historia, como la de tantas otras, está hecha de silencios, de renuncias y de una vida marcada por un patriarcado que parecía tan natural como el aire que se respiraba. Escucharla fue como abrir una puerta a un pasado donde las mujeres estaban destinadas a obedecer y callar, donde soñar era un exceso impropio, y donde la vida cotidiana estaba atravesada por violencias que, en su momento, nadie nombraba como tales.
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- Introducción
- El café servido
- Ser niña, ser joven, ser mujer, ser anciana
- Los silencios heredados
- La voz de Lola
- Escribir para no olvidar
- Epílogo. La taza vacía