Hasta el fondo de mis huesos iba la vida gritando sus duelos. Mas un día ascendió, por la pared de un sueño, un escarabajo iridiscente azul- aguamarina; se aferró a un jazmín y lo transformó en brazo de luna. Me detuve como el viajero a la orilla de su destino y sus valijas. ¡Tanto tiempo gastado en la fatiga del quehacer laboral! Había llegado mi tiempo, el de la pausa: Mi tiempo del Escarabajo.