El engaño

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Collection: Narrativa
Author: Pardo Bazán, Emilia
Publisher : Linkgua
eisbn: 9788490078624
Place of publication:  Barcelona , Spain
Year: 2017
Pages: 17

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Acababa de fumarme el más sabroso de los cigarros del día, el que fumo meciéndome en el cierre de cristales de mi casa, después de la comida a la española embalsamada la boca por el gusto dominador del café y recreados los ojos por la vista, siempre nueva de la bahía, donde los barcos se cuelan como alciones en su nido; y una pereza deliciosa embargaba mis potencias cuando se entreabrió la portier y entró, agitado, mi amigo y consocio en varios círculos. Valentín Beleño. Solo con mirarle comprendí que algo extraordinario le ocurría. Como yo, Valentín lleva una vida apacible y grata, en llana prosa; despacha su labor oficinesca, da su paseíto higiénico diariamente, conoce al dedillo la chismografía del pueblo de Marineda y ostenta el campeonato del juego de dominó. Comprendo, pues, que el caso será de muerto, o punto menos para que Beleño se propine tal sofoco.
En palabras picadas, descosidas, me informa. Tiene la culpa de toda esta gangade viceconsulado que le ha caído encima y le trae atareadísimo, mientras no llega el nuevo cónsul a sustituir al que, envuelto en la bandera inglesa, duerme el sueño sin despertar, en el cementerio disidente, llamado por el vulgo «de los canes». A cada momento necesita Beleño lidiar con pasajeros y viandantes británicos, que desembarcan infaliblemente, aunque solo dispongan de dos horas para hacerlo.
—¿Y creerá usted —añade Beleño— que esos malditos saltan a tierra para refrescar en los cafés o distraerse en el cine? ¡Quiá! La mayor parte de ellos toma un coche y se echa a correr el campo o a admirar los monumentos… ¡Monumentos en Marineda!… ¡Tres o cuatro iglesias de mala muerte y el faro! Y sacan el álbum, abren la boca y dibujan… En fin: ¡para mí, están locos!… El de hoy, que ha venido a bordo del Blue Star, no es inglés, sino inglesa —¡mujer guapa, por cierto!—, y figúrese usted que se empeña en que la he de acompañar a visitar el campo de batalla de Dorantes…, ¡que es una de las manías!…
Al oír lo de «mujer guapa» me eché a reír socarronamente. La señora de Beleño tiene fama de celosa, aun cuando mi amigo Valentín está en sus cuarenta y pico, asaz maduros y sin asomos de gallardía ni de travesura.
—¿Y usted quiere…? —pregunté, siempre risueño.
—Que venga usted también… Ande, hombre… Como usted ha recorrido esa zona levantando planos, conoce aquello mejor. Yo, a la verdad, dudo hacia dónde cae el dichosos campo de batalla, que Dios confunda.
—Mire usted, Beleño: yo iré, aunque estaba aquí mucho más a gusto; pero, franqueza: confiéseme que no quiere usted desazones en casa y me lleva de pararrayos

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