En la palabra acusadora de los dueños, todas alguna vez hemos sido Jezabel. Pero este libro de oráculos es un camino de retorno a la gruta del Edén. Unos son textos escritos por una mujer que fue despojada e injuriada. Son oráculos frágiles, acortados, jirones desgastados por la inclemencia del tiempo y del tirano, su fuerza y extraordinaria mirada de la vida los han hecho sobrevivir y los han conservado. Los otros los completan, a través de la mirada de Londoño, como se completa el ala rota de una mariposa, con devoción y ternura. En estos oráculos comprendemos a una Jezabel sobreviviente y errante, de aquí a Tiatira, del mercado al puerto, de la ventana al mar, del lupanar al templo, del alba al vientre. Leerlos advierte, al menos, una noche de insomnio y un reguero de lágrimas.
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- Prólogo
- Las entrañas de la luz
- I. Yo, jezabel, convoco...
- II. Miro mis ojos...
- III. No tengo más...
- IV. ¿Escuchas mi voz...
- V. Huyo de la catacumba...
- VI. Al llegar al templo...
- VII. Donde hay una hoguera...
- VIII. Abro el surco...
- IX. En el cuenco...
- X. Naufrago...
- XI. He dado a luz...
- XII. Las abuelas...
- XIII. La raíz penetra...
- XIV. Las mujeres...
- XV. Llueve con dulzura...
- XVI. En las horas...
- XVII. Una docena de mujeres...
- XVIII. Leo las cartas...
- XIX. Apago las antorchas...
- XX. Juan pregunta si...
- XXI. Desde el sendero...
- XXII. “Calla las voces...
- XXIII. Durante años...
- XXIV. Hago el amor...
- XXV. En una gruta...
- XXVI. El delirio surca...
- XXVII. Dejo atrás el desierto...
- El asombro de las aguas
- XXVIII. Mis arrugas cuentan...
- XXIX. Durante años...
- XXX. Sepulto a Nyx,...
- XXXI. Camino entre las siluetas...
- XXXII. Los habitantes...
- XXXIII. Me atraen los perfumes...
- XXXIV. A lo lejos...
- XXXV. La pitonisa de Sambate...
- XXXVI. Una mujer reza...
- XXXVII. El niño animal...
- XXXVIII. En el suelo...
- XXXIX. No hay espacios...
- XL. Calla al vendedor...
- XLI. Una hormiga...
- Fragmentos legibles de la ruina
- Nota
- XLII. [...] Nos han mentido...
- XLIII. [...] La naturaleza abre...
- XLIV. [...] la muerte...
- XLV. [...] la piel...
- XLVI. [...] Mi rostro...
- XLVII. [...] voy a imaginar...
- XLVIII. [...] escapé del vientre...
- XLIX. [...] las curanderas...
- L. [...] Camino en círculos...
- LI. [...] Madre, no morirás...
- LII. [...] la danza...
- LIII. [...] Me preguntas por...
- LIV. [...] Cuentan los efesios...
- LV. [...] la telaraña...
- LVI. [...] A veces me pregunto...
- LVII. [...] Al deseo...
- LVIII. [...] en las piedras...
- LIX. [...] bailo con desconocidos...
- LX. [...] Escribimos con troncos...
- LXI. [...] cuando se quebraron...
- LXII. [...] Una niña duerme...
- LXIII. [...] vine a sentarme...
- LXIV. [...] ¿Por qué me eligen...
- LXV. [...] desnuda...
- LXVI. [...] El soldado deja...
- LXVII. [...] Veo a lo lejos...
- LXVIII. [...] el profeta anhela...
- LXIX. [...] se asombran...
- LXX. [...] Los extremos del lazo...
- LXXI. [...] La cofrade...
- LXXII. [...] siempre es...
- LXXIII. [...] El camino del viajero...
- LXXIV. [...] Yo no creo...
- LXXV. [...] Sobre una piedra...
- LXXVI. [...] quemar los puentes...
- LXXVII. [...] para la fe...
- Agradecimientos
- Contenido