Un rey impío desafía las leyes sagradas en un banquete de excesos, ignorando las señales que anuncian el fin inminente de su reinado y de su propia vida. Esta alegoría religiosa utiliza la poesía para reflexionar sobre la soberbia humana y la justicia divina que restablece el equilibrio en el mundo. Es un espectáculo visual y espiritual que advierte sobre la fragilidad del poder terrenal frente a la eternidad del juicio moral supremo.