Las calles de Madrid se convierten en el escenario perfecto para un enredo de amores primaverales donde nada es lo que parece. Calderón de la Barca teje una trama de celos, escondites e identidades trocadas con una maestría cómica que celebra el ingenio juvenil. Es una danza de seducción y malentendidos que captura la efervescencia de la vida social y el juego constante de las apariencias.