La selva tropical se impone como un ente implacable que devora la cordura de aquellos que intentan desafiar su ley primitiva y salvaje. Quiroga retrata con una crudeza fascinante la lucha del hombre contra el entorno, la enfermedad y sus propios impulsos autodestructivos. Son cuentos de una tensión asfixiante donde la muerte acecha en cada rincón del paisaje misionero, recordándonos nuestra fragilidad.