Los poemas de Esther Fleisacher mueven a sentir la poesía que cada uno lleva consigo. Ese es el encanto de muchos de sus versos sobre lo sencillo, lo pequeño y lo cotidiano. La poeta evoca un hilo de su voz y nos deja escuchar la fuerza de presencias y ausencias de su corazón, donde están los orígenes, la berenjena y el maduro, un puerto en la lejana África. También asistimos al diálogo de otredades que trae inquietudes sobre la mentira, lo efímero, la libertad. Por último, su íntima y vital biblioteca alimenta la confesión sobre su oficio de escritora y lectora.
No hay preguntas resueltas en Blanco a contraluz, ni llaves que abren puertas mágicas; el misterio pasa a nosotros, lectores, para seguir sintiendo su gracia. Y ese es un riesgo mayor, tan potente que puede perturbar: darle libertad a una palabra sincera, con rostro verdadero, sin complacencia, y cuya belleza también nace de la severidad y la confrontación.
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- Travesías. Felipe Restrepo David
- sin cielo
- sus pies citadinos torpes, pero decididos
- como si llamarme igual a la tía que se quedó en Egipto
- el olor ocre del mamey
- la mirada subrayó cada vocablo
- nadie puede volver al nido de carne y agua
- escucho secretos en árabe durante el sueño
- papá murió, yo tenía veinte años
- para escuchar no es necesaria la lámpara encendida
- el desencanto escribe en el silencio
- miro las nubes como ella
- las palabras aman sin borde
- me miro caminar al filo de la montaña
- inflexiones azules
- en ocasiones percibo
- la mujer me ofrece anturios rojos
- amarillece al alba
- colma el instante sin alharaca
- un barranquero (una soledad) está en la mañana
- dónde en mi cerebro, cuál neurona
- ser feliz es la libertad de no ser feliz
- las pequeñas mentiras protectoras
- entro al ojo de los amigos
- las hojas de hierba inventan uno
- flores y gallos
- palabras insumisas
- sin puntos seguido
- digo “romero” y no es suficiente
- miro insistentemente por la ventana
- los libros resguardan las horas
- la poesía permite volver la mirada azul
- tiendo la cama
- cuando escribo me rodean
- me embeleso con las pequeñas cosas
- como un sosiego dulce en los ojos
- vivía sin ostentaciones
- no tenía propiedades Anna Ajmátova
- cabezas, manos, piernas
- su figura reservada
- la locura sostiene el esqueleto
- contenido