En algunas ocasiones la gente tiende a pensar que la bondad no merece la pena y que las malas personas son las que terminan disfrutando de la vida. El presente ensayo adopta el punto de vista opuesto: ser bueno merece la pena y es algo que la gente aprecia e intenta ser, aun sabiendo que no es fácil conseguirlo. La bondad es algo que queremos para nosotros mismos y para las personas a las que apreciamos. Tras aclarar de qué trata la ética y en qué consiste la identidad personal, el autor expone los rasgos que definen a una buena persona. En primer lugar, son buenas las personas que están informadas sobre sí mismas y sobre el mundo que les rodea. Además son aquellas capaces de analizar las situaciones a las que se enfrentan, valorar sus dimensiones morales y tomar las decisiones más adecuadas. Por último son buenas personas quienes poseen un conjunto de sentimientos morales como la empatía, el valor y el amor. Llegar a ser buena persona consiste en esforzarse por alcanzar un equilibrio armonioso entre esas tres dimensiones, de tal modo que nuestra identidad personal sea a un tiempo bella y buena, y el conjunto posea la firmeza de un cable bien trenzado a partir de los débiles hilos que constituyen la trama de nuestra personalidad.
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- Contents
- Al principio
- En la grieta
- La avalancha
- Unas sombras en el horizonte
- El rey gato
- Después de la batalla
- Recuerdos de los muertos
- ¿Qué es un hombre?
- El precio del poder
- Un crudo alumbramiento
- Canción de cuna
- Sin descanso
- Bailando con espadas
- Sin honor y sin gloria: solo unas ampollas
- Comedora de Luna
- Cosas rumoreadas y cosas escritas
- Aroughs
- Dras-Leona
- Jugando con tabas
- Amigo o enemigo
- Un cargamento incendiario
- Polvo y cenizas
- Interregno
- Thardsvergûndnzmal
- El camino del conocimiento
- Un encuentro íntimo
- Descubrimiento
- Decisiones
- Bajo tierra y piedra
- Alimentar al dios
- Los infieles andan sueltos
- El tañido de la campana
- La cueva de los alcaudones negros
- Martillo y yelmo
- Y los muros cayeron…
- A orillas del lago Leona
- La palabra de un Jinete
- Cónclave de reyes
- Un laberinto sin salida
- Fragmentos entrevistos y confusos
- Preguntas sin respuestas
- La partida
- El tormento de la incertidumbre
- La Sala de la Adivina
- Volando a lomos de un dragón
- El sonido de su voz, el contacto de su mano
- Pequeños actos de rebelión
- Una corona de hielo y nieve
- Gusano barrenador
- Entre las ruinas
- Snalglí para dos
- La roca de Kuthian
- El mundo en sueños
- Una cuestión de personalidad
- La Cripta de las Almas
- En la cripta, primera parte
- En la cripta, segunda parte
- Regreso
- La ciudad del dolor
- Consejo de guerra
- La llamada del deber
- Fuego en la noche
- En la boca del lobo
- Estalla la tormenta
- Lo que no mata…
- En el fragor de la batalla
- El nombre de todos los nombres
- Músculo contra metal
- El don de la sabiduría
- Últimos estertores
- Un mar de ortigas
- El legado del Imperio
- El epitafio más apropiado
- Fichas en un tablero
- Fírnen
- Un hombre con conciencia
- Pago en sangre
- Promesas, antiguas y nuevas
- La hora de la despedida
- Sobre el origen de los nombres
- Pronunciación
- Agradecimientos