La muerte se personifica en una atmósfera cargada de sombras y fatalismo donde el amor fúnebre arrastra al protagonista hacia una melancolía irreversible. Pardo Bazán abandona el realismo para adentrarse en territorios espiritualistas y macabros, explorando la fascinación por el fin de la existencia. Una pieza fascinante que seduce por su oscuridad elegante y su exploración de los tabúes más sombríos del alma.